El pobre mimo mas que enojado o frustrado se encontraba enajenado, simplemente fuera de si, mientras contemplaba la escena de un Oscar totalmente distinto tirado en el suelo de un autobús urbano, lamiendo cualquier residuo de alcohol y a dos vagabundos saliendo de prisa del transporte público gritando incoherencias, trataba de comprender como es que se encontraba en peor situación que al principio; mientras Oscar hacia lo posible por levantarse, varias cosas le resultaron congruentes a Erick; recordaba de pronto que era viernes, comenzó a comprender por que su compañero de trabajo se notaba un poco mas inquieto ese día de la semana en la oficina, incluso fue un viernes el día que recibió la tarjeta de su ahora desconocido socio; durante un largo rato Erick
no pronuncio palabra alguna, de hecho, no movió un solo músculo durante varias cuadras, incluso no noto el momento en que Oscar vomito sobre el asiento ni cuando este, se sentó sobre su desagradable obra de arte; Erick pensó que quizá Oscar estaba ebrio, pero no recordaba haber percibido algún olor a alcohol cuando recién se encontró con este, sin duda, estaba drogado.
Se dio cuenta dos cuadras después que se le había pasado el centro comercial donde se encontraba “La Momia” la ahora irrelevante tienda de disfraces, coloco su cabeza lo mas atrás que pudo y dejo caer los brazos en señal de derrota, Oscar por su parte, estaba en la posición contraria a Erick, sus brazos se apoyaban en el asiento de adelante y su cabeza colgaba entre ellos apuntando al piso en caso de otro inesperado reflujo; algunas calles después el camión se detuvo por completo y se apagaron todas las luces, el chofer estaba por descender cuando de pronto pudo notar dos siluetas inmóviles al final del pasillo, tomo rápidamente el bate que cargaba siempre en el primer asiento mientras decía – Esos vagos se volvieron a quedar dormidos, encendió las luces pero pudo observar que eran dos figuras distintas a las que acostumbraba ver, aun que no por eso soltó el bate, les dijo con voz de mando – Ey hasta aquí llegamos; Erick paso sobre Oscar y salio por la puerta trasera, su desconcertado compañero lo siguió y caminaron varias cuadras sin articular alguna palabra hasta que la voz de Oscar dijo – Quiero vomitar, después de algunos cuantos espasmos siguieron caminando y fue entonces cuando Erick hablo – No lo puedo creer, viernes, el día que mejor me va y lo perdí, adiós dinero, adiós departamento, adiós todo; se sentaron a contemplar la desolada calle y Erick noto que había regresado el color al rostro de su acompañante, después de un corto silencio Oscar pregunto – Entonces son ciertos los rumores de que eres el mimo de Marcelott, Erick volteo repentinamente queriendo decir algo, pero perdió de súbito su impulso y con voz desconsolada respondió con un simple – Si, mientras volteaba al suelo y recogía algunas piedras, Oscar soltó una pequeña risita, no en tono de burla o sorpresa sino mas bien de complicidad, se dejo caer de espalda sobre la banqueta con los brazos abiertos y soltando un leve suspiro pregunto – Cuanto ganas al día como mimo? , Erick aun desanimado, contesto suavemente mientras lanzaba las piedras a un charco no muy lejano, - No es la paga, lo hago por gusto, - A joder a otro, respondió Oscar con tono burlón, - Dinero es dinero, solo dime cuanto ganas, el mimo Banowel lo pensó un poco y después de lanzar su ultimo proyectil sin acertar a su blanco, respondió, - Trescientos pesos diarios, aproximadamente, pero los viernes, ah los viernes, llego a ganar hasta ochocientos pesos, otra risita salio de los labios de su compañero laboral y después de otro suspiro pregunto, . Traes algo de efectivo? , - Poco, respondió Erick, - Suficiente para tomar un taxi hacia Puerto Alegre?, dijo Oscar con un tono de excitación pasajera, - Quizá alcance para eso, dijo el mimo algo desconcertado, entonces, Oscar se incorporo lenta y pesadamente y mientras posaba una mano sobre el hombro del abatido Erick le susurro al oído entre sonrisas – Amigo, esta noche te voy a volver un hombre rico.
Por: Javier Cárdenas Naranjo
miércoles, 2 de septiembre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
Segunda parte
Pasaron 17 minutos y se escucho el sonido de un claxon. El coche había frenado golpeando el parquímetro que adornaba la entrada del edificio de Erick. Oscar bajo agotado vistiendo una camisa de tirantes y unos calzones largos, se veía nervioso y no dejaba de sudar aunque el clima estaba frio. Empezó a gritar en la entrada y no dejaba de reírse, la casera enojada le respondía con más gritos. No paso un minuto y Erick bajo corriendo las escaleras para darle las gracias a Oscar, este a su vez tenía una sonrisa que no se podía quitar. Algo extraño pasaba con Oscar.
Los dos se subieron al coche y este no en encendía, Erick volteo a ver la banqueta y vio el parquímetro en el suelo. Le pregunto si él lo había chocado. Oscar soltó una risa desesperada y le dijo que no tenía frenos. Erick no supo que contestar. Le pidió dinero para tomar un taxi. Oscar abrió la guantera y le pregunto si le servían unos trozos de galletas. Erick bajo y tomo las monedas que estaban esparcidas por el golpe que había tenido el parquímetro. Pasó un taxi y alzó la mano. Le dio las gracias a Oscar y en ese momento se fijo que solo tenía puesta ropa interior. Titubeo para decir algo pero mejor se abstuvo, le dijo que le ayudaba con su coche cuando volviera. Oscar respondió que no había ningún problema, el coche lo tomó de un auto-lavado que estaba frente a su casa. Vieron que una patrulla de policía se acerco y los dos se alejaron de ese lugar disimuladamente.
Tomaron un autobús nocturno, solo había unos borrachos en los asientos posteriores. Oscar preguntó para qué lo necesitaba, Erick hizo el que no escuchaba, pero las preguntas seguían, Oscar decía que ya se estaba empezando a sentir mejor. Mejor de qué pregunto Erick. Simplemente me siento mejor. Erick no entendía y mientras Oscar hablaba se imaginaba una naranja estrellándose lentamente en su cara inerme, empezando por los dientes, la naranja deformándose lentamente alcanzándole la nariz, de pronto un sonido brusco los distrajo, los borrachos que estaban en la parte posterior del autobús estrellaron la botella de vino. Oscar se levanto y les empezó a gritar, una mancha amarilla se veía en sus calzones viejos. Agarro los vidrios que estaban esparcidos en el suelo, y lamio el vino que goteaba de ellos. Erick no lo podía creer.
Sand.
Pasaron 17 minutos y se escucho el sonido de un claxon. El coche había frenado golpeando el parquímetro que adornaba la entrada del edificio de Erick. Oscar bajo agotado vistiendo una camisa de tirantes y unos calzones largos, se veía nervioso y no dejaba de sudar aunque el clima estaba frio. Empezó a gritar en la entrada y no dejaba de reírse, la casera enojada le respondía con más gritos. No paso un minuto y Erick bajo corriendo las escaleras para darle las gracias a Oscar, este a su vez tenía una sonrisa que no se podía quitar. Algo extraño pasaba con Oscar.
Los dos se subieron al coche y este no en encendía, Erick volteo a ver la banqueta y vio el parquímetro en el suelo. Le pregunto si él lo había chocado. Oscar soltó una risa desesperada y le dijo que no tenía frenos. Erick no supo que contestar. Le pidió dinero para tomar un taxi. Oscar abrió la guantera y le pregunto si le servían unos trozos de galletas. Erick bajo y tomo las monedas que estaban esparcidas por el golpe que había tenido el parquímetro. Pasó un taxi y alzó la mano. Le dio las gracias a Oscar y en ese momento se fijo que solo tenía puesta ropa interior. Titubeo para decir algo pero mejor se abstuvo, le dijo que le ayudaba con su coche cuando volviera. Oscar respondió que no había ningún problema, el coche lo tomó de un auto-lavado que estaba frente a su casa. Vieron que una patrulla de policía se acerco y los dos se alejaron de ese lugar disimuladamente.
Tomaron un autobús nocturno, solo había unos borrachos en los asientos posteriores. Oscar preguntó para qué lo necesitaba, Erick hizo el que no escuchaba, pero las preguntas seguían, Oscar decía que ya se estaba empezando a sentir mejor. Mejor de qué pregunto Erick. Simplemente me siento mejor. Erick no entendía y mientras Oscar hablaba se imaginaba una naranja estrellándose lentamente en su cara inerme, empezando por los dientes, la naranja deformándose lentamente alcanzándole la nariz, de pronto un sonido brusco los distrajo, los borrachos que estaban en la parte posterior del autobús estrellaron la botella de vino. Oscar se levanto y les empezó a gritar, una mancha amarilla se veía en sus calzones viejos. Agarro los vidrios que estaban esparcidos en el suelo, y lamio el vino que goteaba de ellos. Erick no lo podía creer.
Sand.
lunes, 31 de agosto de 2009
Primera parte
Convencido de que era demasiado temprano para salir a trabajar, Erick Banowel, el famoso mimo de la Avenida Marcelott, decidió ir a comprar algunas cosas que le hacían falta para mal comer en la semana; a pesar de ser bastante bueno en su trabajo,gracias a sus divertidos e ingeniosos shows y reconocido por la mayoría de las personas de la cuidad y uno que otro turista ,la paga no era muy buena, sin embargo, en contadas ocasiones lo habían llevado a fiestas privadas en otros países contratado por los turistas excéntricos, ser mimo de tiempo completo ameritaba otro trabajo de medio tiempo, así que Erick, trabajaba como asesor de ventas en unas grises y aburridas oficinas de la ciudad, en las cuales, solo unos pocos conocían su verdadera vocación y pasión; ya en camino de regreso a casa, y con las provisiones necesarias tales como: sopas instantáneas, cereal, leche, pan, jamón y un poco de fruta, recordó haber dejado la ropa en la lavadora, lo cual significaba que su uniforme de payaso mudo estaba totalmente húmedo, corrió de prisa y subió de dos en dos los escalones que lo conducían a su destruido departamento no sin antes topar con el conserje del lugar quien lo maldecía una y otra vez por pisar el suelo recién trapeado, y con la anciana dueña de los departamentos, que con gritos agudos y molestos le exigía los dos meses de renta que el aclamado artista callejero le debía; lanzo las cosas a la mesa y un sonido seco y agudo, le recordó el frasco de mayonesa ahora inservible, que se encontraba en la bolsa, clamando internamente haber olvidado poner su uniforme dentro de esa tanda de ropa, abrió la escotilla del destartalado aparato y casi como una burla, la primer prenda en aparecer era su camiseta a rallas enredada en sus tirantes; con la renta, la mayonesa, la ropa húmeda y el hambre que traía, girando en su cabeza, le resultaba difícil solucionar su problema, deseaba llamar alguien que lo auxiliara pero no tenia ni idea de quien podría ser esa persona, tomo una naranja de la mesa y la lanzo con todas sus fuerzas contra el sucio y destruido muro, reventándola en pequeñas porciones; algunos de los trozas de naranja cayeron sobre el sillón, otros en cambio decidieron quedarse a adornar el muro, que para ser sinceros le daban una mejor apariencia de la que tenía antes de que colisionara aquel cítrico alimento, sin embargo, algunos trozos de la fruta se esparcieron por lo que podría ser la solución a su problema.
Mientras Erick caminaba algo molesto con un trapo sobre su mano para limpiar la evidencia de su repentino ataque de furia, pudo ver bajo los restos de semillas y cáscara cubiertos por un poco de pulpa, el directorio telefónico que se encontraba en el suelo desde antes que él ocupara ese lugar, en ese preciso instante llego a su mente la idea de buscar la tienda de disfraces mas cercana, tomo el grueso libro, lo limpió superficialmente y comenzó su búsqueda; por un largo rato intento encontrar algo que le pudiera servir, pero no había nada alentador, casi como un golpe de suerte abrió enérgicamente, y algo frustrado, la pagina en la cual vio por fin el tan esperado anuncio, Tienda de disfraces “ La Momia” , haciendo alusión con una imagen a la película que lleva ese nombre donde aparece el actor Brendan Fracer, seguido de el slogan, listos para toda ocasión, llamo inmediatamente para preguntar si había trajes de mimo de su talla y se alegro al saber que contaban con algunos, emoción que duró poco tiempo al saber la ubicación de la tienda, pues aunado a su desgracia, el pobre mimo no tenia automóvil.
Solo contaba con dos opciones, la primera, era llamar a Raúl, el compañero del trabajo con el que se llevaba un poco mejor, o hablarle a Oscar, un distraído y aburrido oficinista que tenia su cubículo junto al suyo, el cual se pasaba la mayoría del tiempo de "trabajo" contestando test que le dieran una pista de cómo se debería llevar una vida normal, evidentemente llamo primero a Raúl quien con disculpas se negó a ayudarlo ya que tenía un compromiso que no podía dejar a un lado; creyendo cada vez mas en la mala suerte, el frustrado mimo de la Avenida Marcelott, no tubo otra opción que llamar a Oscar, el cual, le había entregado una tarjeta con su numero telefónico por que uno de los test le recomendaba tener mas contacto con las personas de su entorno laboral, Erick lo pensó diez veces antes de llamar, pero se decidió cuando vio lo poco que faltaba para dar su show y lo mucho que necesitaba el traje, marco algo indeciso el numero de su poco o nada respetado compañero, el cual, respondió de prisa con una voz agitada y algo desconcertada, al principio el frustrado mimo no sabia que decir, pero una mirada al reloj casi por error y de reojo le puso las primeras palabras en la boca, explicando su situación y pidiendo el auxilio inmediato de algún alma caritativa aun que no fuera tan conocida; sorprendentemente Oscar acepto de inmediato y después de pedir la dirección de Erick colgó el teléfono no sin antes despedirse con un llegare de inmediato.
Después de un momento de desconcierto el mimo Banowel se sentó a meditar acerca de la situación, sin siquiera imaginarse, que esa tarde, cambiaría por completo la perspectiva que tenía acerca de el misterioso Oscar.
Por: Javier Cárdenas Naranjo
Mientras Erick caminaba algo molesto con un trapo sobre su mano para limpiar la evidencia de su repentino ataque de furia, pudo ver bajo los restos de semillas y cáscara cubiertos por un poco de pulpa, el directorio telefónico que se encontraba en el suelo desde antes que él ocupara ese lugar, en ese preciso instante llego a su mente la idea de buscar la tienda de disfraces mas cercana, tomo el grueso libro, lo limpió superficialmente y comenzó su búsqueda; por un largo rato intento encontrar algo que le pudiera servir, pero no había nada alentador, casi como un golpe de suerte abrió enérgicamente, y algo frustrado, la pagina en la cual vio por fin el tan esperado anuncio, Tienda de disfraces “ La Momia” , haciendo alusión con una imagen a la película que lleva ese nombre donde aparece el actor Brendan Fracer, seguido de el slogan, listos para toda ocasión, llamo inmediatamente para preguntar si había trajes de mimo de su talla y se alegro al saber que contaban con algunos, emoción que duró poco tiempo al saber la ubicación de la tienda, pues aunado a su desgracia, el pobre mimo no tenia automóvil.
Solo contaba con dos opciones, la primera, era llamar a Raúl, el compañero del trabajo con el que se llevaba un poco mejor, o hablarle a Oscar, un distraído y aburrido oficinista que tenia su cubículo junto al suyo, el cual se pasaba la mayoría del tiempo de "trabajo" contestando test que le dieran una pista de cómo se debería llevar una vida normal, evidentemente llamo primero a Raúl quien con disculpas se negó a ayudarlo ya que tenía un compromiso que no podía dejar a un lado; creyendo cada vez mas en la mala suerte, el frustrado mimo de la Avenida Marcelott, no tubo otra opción que llamar a Oscar, el cual, le había entregado una tarjeta con su numero telefónico por que uno de los test le recomendaba tener mas contacto con las personas de su entorno laboral, Erick lo pensó diez veces antes de llamar, pero se decidió cuando vio lo poco que faltaba para dar su show y lo mucho que necesitaba el traje, marco algo indeciso el numero de su poco o nada respetado compañero, el cual, respondió de prisa con una voz agitada y algo desconcertada, al principio el frustrado mimo no sabia que decir, pero una mirada al reloj casi por error y de reojo le puso las primeras palabras en la boca, explicando su situación y pidiendo el auxilio inmediato de algún alma caritativa aun que no fuera tan conocida; sorprendentemente Oscar acepto de inmediato y después de pedir la dirección de Erick colgó el teléfono no sin antes despedirse con un llegare de inmediato.
Después de un momento de desconcierto el mimo Banowel se sentó a meditar acerca de la situación, sin siquiera imaginarse, que esa tarde, cambiaría por completo la perspectiva que tenía acerca de el misterioso Oscar.
Por: Javier Cárdenas Naranjo
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